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Juventud

21 de agosto de 2019

Antífona de Intercesión (Lucas 13:10-17)

Autor/es: Maximiliano A. Heusser

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Dios nuestro, nos pesan el machismo y el patriarcado, el explícito y el sutil, ambos limitan y atentan contra la vida plena que anunciaste en Jesús.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Dios nuestro, nos pesan el egoísmo y la ambición desmedida, que avasalla bosques, montes, selvas, arruinándolo todo con la excusa del desarrollo.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Dios nuestro, nos pesan los sistemas económicos en los que los números solo cierran correctamente si se sacrifica a la parte más débil y desprotegida de nuestra sociedad.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Dios nuestro, nos pesan los prejuicios y la supuesta “moralidad cristiana”, que en vez de encausar vidas levanta jueces y maestros de moral de vidas ajenas.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Dios nuestro, nos pesan las lecturas literalistas de las Escrituras que se contentan con la letra de la Ley, olvidándose de la gracia y el amor, conformando el fariseísmo de nuestro tiempo.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Dios nuestro, nos pesan la apatía y la frialdad ante el sufrimiento y el dolor de los pueblos migrantes, olvidando que somos herederos de un pueblo peregrino.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Dios nuestro, nos pesa el cristianismo que vulnera derechos de grupos golpeados y marginados, disfrutando privilegios y desigualdades.

Amoroso Dios, endereza nuestras espaldas.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, quien sanó a la mujer encorvada de la sinagoga un sábado,

Amén.

P. Maximiliano A. Heusser

(Bariloche, Argentina)

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Espalda, Encorvada, Mujer, Sábado

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